Vicios
Octubre 11 de 2005
Fumaba. Era un rito sencillo. Encendía el cigarrillo con cualquier cosa fogosa que a la mano tuviese. Admiraba brevemente la braza en forma de fruta roja fosforescente, después, dejaba que entre el tiempo y el esfuerzo de su aliento haciendo succión se desgastara la parte blanca para que finalmente la parte que no servía acabara en el basurero. Simple. Encender, consumir y desechar. Encender, consumir y desechar. Un día, encendió, pero antes de consumir, también se involucró de pronto con una mujer de ojeras; su ritual era distinto, ella tendía mucho a destapar, oler, servir, beber y dejar. Pasaron la noche juntos, voz con voz y vicio con vicio. Al final; en la madrugada, la mujer de ojeras se fue de vuelta a su casa a través de un camino tambaleante. El hombre se quedó, solo. Encendió, consumió, desechó, encendió, consumió, se tambaleó y desechó. Encendió, se tambaleó, tiró la braza con forma de fruta roja en el bote de la basura, y entonces encendió. Encendió, esto y esto otro. Se tambaleó, gritó, Encendió la pared y la cama, encendió los muebles, se encendió, después se consumió, y al final, alguien del forense, lo desechó. Moraleja; lo malo no son los vicios en sí. Lo malo es mezclarlos; Tabaco y alcohol, sexo y amor, soledad y dolor…
00 05
Me gustas igual
que me gustan las ciudades por las que se puede caminar
y el adoquín está firme y rojo
y los puentes les salen a los edificios de los costados
y los ladrillos son enanos con cara que se agarran con las manos en la espalda
y las columnas y las casas también tienen cara
y el sol sale y se mete de pronto
y te desvelas, y encuentras sorpresas
y no te vas
y no quieres regresar
00 04
Cuanto más tiempo estaba encerrado en ese diminuto cuarto lleno de nada de libertad, más largas sentía que eran las horas que pasaron. La sensación era como si cada hora se hubiera multiplicado por si misma tantas veces en el pasado como días había estado en ese lugar. Se había convertido en una pequeña cárcel ambientada como lugar de trabajo, sus herramientas eran una computadora de luz negra, y cada correo que enviaba y cada hoja que escribía, lo iban hundiendo más en su pequeño cuarto lleno de nada de libertad. Era como patalear en arenas movedizas, como tratar de nadar en el vacío universo mientras la nave que podría llevarlo a la casa se alejaba irremediablemente.
Un día, despertó y todo su cuerpo le reclamó, le puso un ultimátum y le dijo allí no regresas. Relajó la mente y se dejó andar por una calle distinta, la hora y la geografía no le coincidían en la memoria, y comenzó a alejarse de todos los lugares de casa, y allá a donde al fin llegó, la gente parecía más alta, el español que hablaban era más estilizado y largo, y la libertad llenaba el aire en los espacios de techos altos. En ese momento decidió que no quería volver a su diminuto cuarto jamás.
Años más tarde se daría cuenta de que la necesidad de libertad es como una espiral, que se hace incontrolablemente más grande, y más grande, y más grande, y el vértigo de querer seguir cayendo a esos abismos interminables, era la luz que había decidido seguir, hasta las últimas consecuencias. Ese era él.
Playas
La playa, es un punto pequeño en la tierra donde se juntan las fuerzas
es una confrontación permanente, entre la solución animada que son las olas, y la intempestiva arena
sólida y sentada en la tierra
impasible, serena, testigo y fuerza.
La mar es la vida, el ánima que busca mover el cuerpo de la tierra
es el espíritu incontenible que se resuelve a si misma noche con noche
a la madrugada se ha cansado de pelear con la nada y se sienta también a esperar el amanecer.
La playa es donde ocurren esas cosas, eres tu y soy yo
hilbanando olas
tejiendo espuma
espantando gaviotas
y dejándonos atrapar por su vista libre
La mar y la tierra juntas, son las dos sustancias que crean vida
la mar está siempre sobre la tierra. En la playa, la besa, la abraza
la idolatra, la molesta, la rasca.
La playa es un encuentro general
una operación matemática que termina y rebota, que se hace y se deshace.
La playa es hablar:
es poner la lengua, que es una ola de piel, y azotarla contra el muelle que son los dientes
y de ahí destilar vapor de saliva que son las palabras.
Condenada a no tener paz, anclada de historias de submundos
que tienen submundos que tienen submundos que tienen submundos…
Las sirenas son peces con nombres en ruso
las burbujas, son islas de aire donde viven sapos alados.
Nadar en el mar cerca de la playa es cambiar de piel
y caminar descalzos en la arena mojada es convertir los pies en cangrejos ciegos que se aman.
Nuestra playa es mucho de eso, mucho más de otras cosas que no se entender y menos escribir.
Ombligo
El ombligo es la maravilla mecánica que siempre nos olvidamos de presumir que tenemos, cuando vemos a una persona con el pantalón un poco más arriba y no se le ve el ombligo, y volteamos rápido y pensamos que se ha quedado si él, nos asustamos, pero si lo vemos todos los días no pasa nada, simplemente seguimos caminando. El ombligo es el epicentro maestro de todo nuestro cuerpo, mantiene en su lugar las glándulas energéticas más importantes y a través de su circunferencia constante y móvil reacomoda los órganos que por su propio narcisismo quieren seguir su camino, el estómago hacia la consumación, los pulmones hacia inflarse y elevarse por nuestras narices, el riñón hacia la reducción de si mismo, el corazón hacia la explosión, el intestino hacia fuera por el apéndice y los huesos hacia el cielo y la tierra como queriendo sembrarse para hacer nacer nuevos cuerpos. El ombligo es el responsable de que todo este desorden no sea.
10:15, México DF, Sala 55/56 del aeropuerto.
Frente a mi hay 3 paredes superpuestas de cristal. La pista con sus luces, figuran una metrópolis infinitamente nocturna, con sus guiños rojos, sus anuncios de cerveza. El aire es una promesa estancada, este es un lugar celado, bien guardado, aqui todavía no hay hora ni latitud ni nivel del mar. La pista frente a mi es una plataforma oculta que fundamenta la esperanza. La noche techada, es un hueco dimensional que permea la vista de los que están afuera. Al final, estoy aquí, ya que en este lugar no existo y soy libre de ser lo que quiera ser en el momento que quiera. Suena la voz de alguien que me indica que hacer y me pongo alerta porque es casi hora de despegar.
Herida Retráctil
Una mañana, desperté porque María me hacía cosquillas. Estaba muy acostumbrado a su estilo, paseaba una esquina de uña por todo mi cuerpo hasta que yo despertaba, pero la verdad, es que me había equivocado esa vez, porque María no había dormido conmigo esa noche, ni ninguna de esa semana, era solo la sensación. Me levanté y le llamé por teléfono. Te extraño, pero ella no contestó. En el desayuno la sensación regresó, era la uña de María, sin duda, atravesando la parte baja de mi espalda. Voltee y no había nadie. Me miré en el espejo y tenía una herida fresca. Debo hacerme revisar, pensé. En la regadera, la herida dolía y yo me preguntaba con que me había lastimado, cuando se asomó ella solita del dorso de mi mano. Por accidente la vi, y ella, pudorosa, regresó a mi espalda. Ya veo, es que es una herida retráctil. Había oído hablar de ellas, pero nunca había tenido una. Toda la mañana estuve en el trabajo y con los amigos sin ninguna preocupación, podía no pensar en María. La herida se había escondido bien, y yo no sabía dónde estaba. Pensé que si ella podía cuidarse sola y sanar sola, no habría ningún problema. Pasó como un mes y yo empecé a preocuparme, si ya había cerrado, en algún lugar debía haberme quedado una cicatriz, pero por más que hacía contorsiones en el espejo, nunca vi nada. Debe ser lista, quizás no ha cerrado y sigue escondiéndose de mí. Me senté a la mesa, miré mis manos y hablé en voz alta para que la herida pudiera escucharme. Está bien, puedes salir, no te voy a hacer nada, solo quiero saber si sigues ahí. Y después de un rato de insistir, la herida salió a la palma de mi mano. Pude observarla mejor, era una hendidura de unos tres centímetros, nada dañina. Le dije que si cuidaba su higiene y no se infectaba podría quedarse cuanto quisiera. La herida se movió en círculos y pensé que estaba feliz. No me dolía, le puse nombre, aprendimos a convivir, ella se dejaba lavar cada mañana y yo procuraba no apoyar la parte de mi cuerpo donde estuviera. Jugábamos a las escondidillas y al doctor; yo era el paciente y el doctor. La herida se hizo mi amiga, y yo era todo lo que ella tenía.
Unos meses después, la herida decidió quedarse entre el cuello y el pecho. Ya habían pasado temporadas cortas en que ella se quedaba en el mismo lugar, pero esa vez era distinta, porque no se había movido desde hacía una semana, y empezaba a ponerse morada. Qué te pasa, le preguntaba, pero ella no contestaba. Quizás esté deprimida, pensé, y la dejé en paz. Poco a poco dejé de fijarme en ella, cuando me paraba en el espejo, desviaba la mirada para no verla de frente, y creo que ella tampoco estaba muy contenta de estar ahí. Una noche, desperté con dolor en el pecho. Era ella, al parecer estaba tratando de cerrar, porque se veía más pequeña. Di por terminado el asunto y me fui a dormir otra vez. A la mañana siguiente, la herida había desaparecido por completo, solo quedaba una cicatriz pequeñísima en forma de punto. Me despedí de mi amiga.
Días después, cuando ya no me acordaba de ella, empecé a sentir un dolor punzante en el pecho, consulté al doctor, y me diagnóstico un caso de herida retráctil interna. Le conté sobre mi amiga, y me dijo que a veces, cuando ese tipo de heridas no se sienten completas, se meten al cuerpo para buscar el lugar a donde pertenecen. Entonces ella se metió en mi pecho, pregunté. Se metió en su corazón, a la parte baja, mírelo usted mismo, y me enseñó unas imágenes. No había duda, esa era mi herida, la conocía bien, era la misma expresión. Y bueno, la herida se ha quedado quieta por fin. No cierra porque desde que vive dentro de mi somos mejores amigos, a veces le pido que se mueva para disolver un moretón o para aminorar el dolor de una inyección. Creo que puedo contar con que siempre regresará a mi corazón y nunca me dejará.
00 03
Siento lastima por todos aquellos que no han conocido, o no se han dejado llevar por pasiones más grandes que ellos mismos, sin importar si esto los hubiera llevado al sufrimiento, al fanatismo o a una terrible y mórbida muerte.
00 02
y nunca sabré si escribí por amor, por inquietud, por odio o por puro aburrimiento.
00 01
Saqué de mi memoria negra
a la luz de este cuarto sin gravedad, el recuerdo de tu cuerpo quieto
con tu boca sonriente
y tu mirada clavada, puesta para que parezca
que mes ves solo a mi,
lo pasé por un prisma hiperdimensional,
y entre gotas de sangre detenidas en el tiempo
como láminas de diamante grueso se hundió tu cuerpo,
en el tejido poroso
del animal que es el universo.
No creo en un amor que no sea a primera vista.
En vez de la sangre que a chorros pudo resbalar de las mordidas que te hice en cada escalón en la columna vertebral, fueron escamas, colas de reptil y aguijones lo que te salieron en cada uno de los chakras que anoche motivaron mi deseo.
En vez del susto que debió o pudo haberme dado al ver como te convertías de a poco en esa clase desconocida de dragón, fue un hijo híbrido entre el deseo y la culpa lo que se apoderó de mi, y lo volvería a hacer sin importar si era martes, viernes o domingo de noche.
De chico aprendi,
a convivir con el miedo a morir,
de chico, antes de que fueran palabras, era miedo a la muerte nada más,
como un cachorro que ve morir a su perra madre,
aprendí a temer y adorar ese momento en el futuro,
cuando aprendí a hacer palabras, aprendí a tener miedo de crecer.
Hoy que al fin después de estos años crecí, te conocí, y los miedos se hicieron múltiples y se llenaron de caminos y color.
La vida se hizo una metáfora ridiculizante de algo obscuro y ruidoso,
con un humor extraño que me tomó tiempo terminar de comprender,
hoy lo se: la vida no es justa,
y es esa injusticia la que le da emoción a las cosas.
sin esa injusticia no seríamos mas que animales sin alma, sobre un tren que no se descarrilará.
El fuego de la vida va creciendo sobre los árboles invernales que son el tiempo.
Lo mejor de leer es caminar despues, y recapitular a cada paso algunas de las palabras, las que se han dejado agarrar con el anzuelo de la memoria.
¿Qué fue primero, el beso o lo apretado del callejón?